Me da gusto inaugurar esta sección con lo más intranscendental que se me pudiera ocurrir. El preclaro lector que siga este sitio, si es que alguien nos sigue, advertirá que se aleja sustancialmente de lo que, hasta ahora, había sido el objetivo del blog, en efecto, hoy no hay ataques contra nuestro amigo Daniel, es por ello que esta seccioncilla se llama «Comentarios fuera de lugar» y su objetivo es simple: publicaremos cosas que no vienen al caso y que, en realidad, resultan irrelevantes para cualquiera y en cualquier contexto.
Contar con un espacio de Internet para quejarse del mismo sujeto, especialmente luego que ha varios años que duerme en el silencio, obliga a los autores a dos cosas, la una es a abandonar el cuidado y la actualización de dicho espacio hasta que el motivo de su existencia resurja, esto es, hasta que el individuo contra quien se escribe vuelva a hacer barullo con sus patéticos eventos, su DJ y sus chistes malos. Pero aún es peor el segundo caso, obliga a convertir el espacio en una miscelánea (válgame el anglicismo) de opiniones, entradas, comentarios, etcétera. Si se juegan bien las cartas, todo puede terminar bien y la dicha miscelánea no lo es tanto, dado que termina todo orientado a vituperar al que se lo merece; sin embargo, en vista de nuestra pereza, que no es otra cosa, este sitio ha caído en el olvido, y parece prudente reactivarlo con esta suerte de secciones, que poca o nula utilidad tienen; pero que no le hacen ver como un espacio olvidado y descartable.
Como primer aportación de estos comentarios, entonces, me huelgo de avisar a quien quisiere charlar conmigo durante su desayuno, que el día de mañana voy a por tacos, los que están en la Alameda, cabe destacar, y me iré temprano porque no me toque el sol de medio día, que siempre es duro y aborrecible. Vale.


